En las últimas horas, la tasa de quema de SHIB se desplomó de forma significativa, rompiendo una dinámica que hasta hace poco alimentaba expectativas de presión deflacionaria sobre el token. El ajuste coincidió con un giro en el precio, que cedió parte de las ganancias recientes y reabrió el debate sobre el comportamiento del activo antes de fin de año.
El mecanismo de quema ha sido históricamente uno de los pilares narrativos del ecosistema Shiba Inu. Al reducir el suministro circulante, busca compensar la elevada oferta inicial del token y reforzar su atractivo a largo plazo. Los registros on-chain muestran que la quema diaria de tokens cayó de forma abrupta respecto a jornadas anteriores, con una reducción muy superior a los promedios recientes. Este descenso se produjo tras varios picos puntuales impulsados por iniciativas comunitarias y por el uso de aplicaciones dentro del ecosistema.
Cuando el volumen se enfría, el impacto deflacionario se diluye rápidamente. En ese sentido, la tasa de quema de SHIB funciona más como un reflejo del nivel de adopción que como un catalizador independiente del precio. Informes del Banco de Pagos Internacionales señalan que los mecanismos de reducción de oferta en activos digitales sólo tienen impacto sostenido cuando están respaldados por actividad económica real y uso constante de la red.
El retroceso en la quema coincidió con una corrección moderada en la cotización del token, tras varios intentos fallidos de consolidar niveles superiores. Este comportamiento refuerza la lectura de que el sentimiento sigue siendo frágil y muy sensible a métricas de corto plazo.
Pese a la caída reciente, varios analistas advierten que la quema, por sí sola, no garantiza subidas de precio si no va acompañada de mayor uso, liquidez y actividad sostenida. De cara al cierre del año, el comportamiento de la tasa de quema de SHIB servirá como termómetro del interés real en la red, en un mercado que continúa atento a los fundamentos.