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Dogecoin sigue siendo uno de los activos más atípicos del mercado cripto. Durante mucho tiempo fue objeto de burla, a veces admirado, y atraviesa los ciclos con una constancia asombrosa. Mientras que algunos lo consideran un vestigio del pasado, otros estiman que aún no ha dicho su última palabra, especialmente a largo plazo.
Dogecoin: el memecoin que no desaparecerá
Dogecoin nunca pretendió revolucionar la blockchain. Creado en 2013 con un tono intencionalmente ligero, se impuso casi a pesar de sí mismo como una figura central de la cultura cripto. Donde miles de proyectos han desaparecido, DOGE ha permanecido. Este simple hecho merece que nos detengamos en él.
En el plano fundamental, el proyecto muestra límites claros. Su inflación es permanente, su desarrollo es lento y su utilidad remains limitada en comparación con los estándares actuales del Web3. Dogecoin no busca competir con Ethereum o Solana. Evoluciona en un terreno diferente, más social, más emocional también. Es precisamente esto lo que hace su fuerza… y su debilidad.
Técnicamente, DOGE sigue siendo muy sensible a los ciclos globales del mercado. Tiende a subdesempeñarse en fase de duda, y luego a sobrepasar bruscamente cuando la euforia regresa. Las zonas técnicas clave son bien identificadas por los traders, pero los verdaderos catalizadores suelen ser externos: resurgimiento del interés por los memecoins, dinámica comunitaria o simple embalamiento especulativo.
Históricamente, Dogecoin ocupa un lugar aparte. Forma parte de esas pocas criptomonedas "antiguas" que han sobrevivido a varios mercados bajistas sin perder totalmente su relevancia. Su longevidad le confiere un estatus casi patrimonial en el ecosistema. No se apuesta por DOGE por su tecnología, sino por lo que representa en el imaginario cripto colectivo.
La predicción de Grok sobre Dogecoin entre 2026 y 2040

Para 2026, Grok anticipa un Dogecoin estabilizado en un contexto de recuperación progresiva del mercado cripto. Una zona comprendida entre 0,22 $ y 0,30 $ parece coherente si Bitcoin evoluciona en un ciclo alcista moderado. En este punto, DOGE se beneficiaría principalmente de un regreso del apetito por el riesgo, sin transformación mayor de su utilidad. Personalmente, veo 0,25 $ como un escenario creíble, ni eufórico ni pesimista.
En 2027, el modelo se vuelve más ofensivo. Grok contempla un pico posible alrededor de 0,40 $ a 0,50 $, impulsado por una fase de exuberancia en los altcoins. Este tipo de movimiento corresponde bien al ADN de DOGE, capaz de sorprender en los mercados más irrationales.
Este nivel sigue siendo alcanzable, pero probablemente en una ventana corta, muy dependiente del sentimiento.
A horizon 2030, la proyección cambia de escala. Grok establece un Dogecoin evolucionando entre 0,70 $ y 1,00 $ en un escenario en el que las criptomonedas estarían más integradas en la vida cotidiana. Ya no sería solo una apuesta especulativa, sino un activo "conocido", casi banal. Un DOGE a 0,85 $ me parece ambicioso, pero no delirante si el mercado global sigue madurando.
Para 2035, la hipótesis se vuelve más condicional. Grok plantea una zona de 1,20 $ a 1,80 $, bajo la condición de una evolución del papel de Dogecoin. Esto implicaría una adopción más concreta o un resurgimiento narrativo del proyecto. Sin cambios estructurales, creo que DOGE tendría dificultades para mantenerse de manera sostenida.
Finalmente, en 2040, el escenario más optimista situía a DOGE entre 2,50 $ y 3,50 $. Esta proyección supone una adopción masiva de las criptomonedas a escala mundial y una capacidad de Dogecoin para seguir siendo culturalmente relevante durante varias décadas. Tal vez que para entonces, un reemplazante haya tomado su lugar, como Maxi Doge por ejemplo.